LA DIVERSIDAD, INGREDIENTE DE ÉXITO

Por uno de esos recorridos inverosímiles que encuentras siguiendo posts diversos y variados en esta web nuestra de cada día, me encontré con este artículo de 2002 titulado El mito del talento sobre los colaboradores de Enron en el momento de su descenso fulgurante (clic aquí). En respuesta a la pregunta sobre la posible sobrevaloración del talento, el editorialista utiliza Enron como ejemplo de caída debido al reclutamiento exclusivo de diplomados de las mejores universidades, símbolo de capacidad de innovación y desarrollo, paradoja sin duda donde las haya.

En esta empresa donde todo el mundo era brillante, super eficaz e innovador,  Malcolm Gladwell apunta varias pistas sobre las razones de la caída:

  • dificultades a la hora de evaluar el trabajo individual o colectivo
  • rapidez extrema (precipitación vamos) de las carreras
  • mayor confianza en el supuesto “talento” que en resultados tangibles
  • un cierto narcisismo que antepone las necesidades del “talento” antes que las de los clientes o accionarios

La falta de diversidad es otro de los ingredientes de la pócima de quiebra: Enron había contratado talentudos James Bond por decenas sin preocuparse de los George Smiley de este mundo. Sí, sí, George Smiley[1], el espía prejubilado por su participación en una última operación fallida, cornudo, solitario, desaliñado, estudioso de oscuras poesías medievales durante su retiro, puntilloso, pasado de moda en cualquier época… Vamos el anti-James Bond por excelencia.

Y héte aquí que el MI6 obtiene resultados sin él, se impregna del ambiente de distensión entre los bloques del Este y el Oeste, no crea olas innecesarias e incluso consigue infiltrar un agente en el mismo recinto sagrado del Kremlin. Hasta que el mismo ministro que había pitado el fuera de juego viene a buscarle porque es el único con las capacidades y el talento para descubrir al agente doble infiltrado en el corazón de los servicios secretos británicos.

Aprovechemos esta parábola venida de la guerra fría para reflexionar sobre antiguos y modernos, partidarios acérrimos del cambio o refractarios totales al mismo, y mostrar que las cosas son sin duda más complicadas que una oposición binaria entre los unos y los otros. La diversidad de talentos, capacidades, comprensiones y competencias son ingredientes de la poción cotidiana del éxito, sin necesidad de brebajes que nos vuelvan invencibles o algo en lo que no nos reconocemos.

Entonces, ¿Smiley prejubilado o todavía con nosotros aprendiendo de su experiencia?

 

 

[1] John le Carré es el creador de George Smiley (El espía que surgió del frío, El topo, La gente de Smiley…) entre otras muchas novelas de espías. Si prefieres las películas, no te pierdas El espía que surgió del frío de 1965 con Richard Burton o El topo de 2011 con Gary Oldman.

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